Tortuga astuta: la lección de la humildad

Había una vez en un lejano bosque, un grupo de animales que vivían en armonía y paz. Entre ellos se encontraban el conejo, la tortuga, el búho, el zorro y el león. Cada uno tenía sus propias habilidades y virtudes que los hacían únicos.

Un día, el zorro decidió proponerles a los demás animales una competencia para ver quién era el más rápido. Todos aceptaron entusiasmados, menos la tortuga que sabía que no era tan veloz como los demás. Sin embargo, decidió participar igualmente para probarse a sí misma.

La competencia empezó y el león tomó la delantera, seguido de cerca por el conejo y el búho. La tortuga, como era de esperarse, iba rezagada en último lugar. Los demás animales se burlaban de ella y la menospreciaban por ser tan lenta.

Pero lo que los demás animales no sabían era que la tortuga tenía un plan. A mitad del camino, vieron que la tortuga se detenía y se adentraba en un pequeño arroyo. Los demás animales la ignoraron y siguieron corriendo hacia la meta.

Sin embargo, cuando llegaron a la meta, se dieron cuenta de que la tortuga ya estaba allí, esperándolos con una sonrisa en su rostro. Todos se quedaron perplejos y preguntaron cómo había llegado tan rápido.

La tortuga les explicó que sabía que no podía correr rápido como los demás, pero que en el agua era más ágil y rápida. Por eso, decidió tomar un atajo a través del arroyo para llegar antes que los demás. Los demás animales se sintieron avergonzados de haber menospreciado a la tortuga y aprendieron a valorar las habilidades de cada uno.

Desde ese día, los animales del bosque aprendieron a respetarse y a trabajar juntos, aprovechando las habilidades únicas de cada uno para lograr sus metas. Y la tortuga, a pesar de su lentitud, demostró que con ingenio y astucia, también se puede llegar lejos. Y así, el bosque vivió en armonía y paz por siempre jamás.

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