Terror en Villa Oscura: La Leyenda de El Espectro

En el pequeño pueblo de Villa Oscura, ubicado en medio de un denso bosque, se contaba una antigua leyenda sobre la presencia de un ser malévolo que habitaba en lo más profundo de la oscuridad.

Se decía que aquel ser, conocido como El Espectro, era un ser sobrenatural que se alimentaba de las almas de los inocentes que se aventuraban en el bosque por la noche. Muchos lugareños afirmaban haber escuchado susurros provenientes de las sombras, y algunos aseguraban haber visto sus ojos brillando en la penumbra.

Una noche, un grupo de jóvenes valientes decidió desafiar la leyenda y adentrarse en el bosque en busca de El Espectro. Ignorando las advertencias de los lugareños, se adentraron en la oscuridad, portando solo una linterna y un puñado de velas.

A medida que avanzaban, los árboles parecían cerrarse sobre ellos, susurrando con voz siniestra. El aire se volvió denso y frío, y el silencio se hizo casi palpable. De repente, una figura oscura se materializó frente a ellos: era El Espectro, con sus ojos rojos brillando en la oscuridad.

Los jóvenes intentaron huir, pero se dieron cuenta de que estaban atrapados en un laberinto de árboles retorcidos que parecían moverse a su alrededor. El Espectro los persiguió sin descanso, riendo con una risa cruel y siniestra que helaba la sangre.

Uno a uno, los jóvenes cayeron presa de El Espectro, que se alimentaba de sus almas con una voracidad insaciable. Al amanecer, solo quedaba uno de ellos en pie, temblando de terror y con los ojos llenos de lágrimas.

El Espectro se acercó lentamente a él, sus ojos rojos brillando con malicia. Pero en lugar de atacarlo, le susurró al oído con una voz susurrante y escalofriante: "Nunca vuelvas a desafiar la oscuridad, mortal. Esta vez te perdono, pero la próxima vez no serás tan afortunado".

El joven corrió fuera del bosque, jurando no volver a acercarse nunca más a Villa Oscura. Y desde ese día, la leyenda de El Espectro se mantuvo viva en el pueblo, recordando a todos que en la oscuridad acechan peligros que no deben ser desafiados.

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