Terror en la Casa de los Horrores

Había una vez una pequeña ciudad en medio de la nada, rodeada de densos bosques y neblina constante. La gente del pueblo siempre había sido supersticiosa y había escuchado historias de fantasmas y seres demoníacos que acechaban en las sombras. Uno de los relatos más escalofriantes era el de la Casa de los Horrores, un antiguo caserón abandonado en las afueras del pueblo.

Se decía que la Casa de los Horrores estaba maldita, que sus paredes habían sido testigos de terribles sucesos y que el espíritu de una bruja vengativa habitaba en su interior. Nadie se atrevía a acercarse a la casa, ni siquiera los valientes que se jactaban de no tener miedo a nada.

Un grupo de jóvenes decidieron desafiar las advertencias de los lugareños y se aventuraron a entrar en la Casa de los Horrores una fría noche de luna llena. Armados solo con linternas y valentía, se adentraron en el interior de la casa, sintiendo cómo el aire se volvía denso y pesado a su alrededor.

Las habitaciones estaban llenas de polvo y telarañas, con muebles antiguos cubiertos de moho y humedad. Los jóvenes avanzaban con cautela, sintiendo cómo una presencia maligna los acechaba en cada rincón. De repente, empezaron a escuchar ruidos extraños, como susurros y murmullos que parecían venir de las sombras.

Uno a uno, los jóvenes fueron separándose, desapareciendo en habitaciones oscuras y laberínticas. La tensión en el ambiente era palpable, y un terror indescriptible se apoderaba de ellos. De repente, empezaron a ver sombras moviéndose a su alrededor, figuras fantasmales que los observaban con ojos vacíos y sonrisas siniestras.

Los jóvenes comenzaron a correr, intentando encontrar la salida de la Casa de los Horrores, pero las puertas y ventanas parecían estar selladas, impidiéndoles escapar. La bruja vengativa hacía acto de presencia, manifestándose en todo su esplendor macabro, con su risa malévola y su rostro desfigurado.

Los jóvenes suplicaban por sus vidas, clamando por ayuda mientras la bruja los perseguía sin piedad. Uno a uno, fueron cayendo presa del terror, desapareciendo en la oscuridad de la casa maldita. Solo uno logró escapar, corriendo aterrorizado por las calles del pueblo, jurando nunca volver a acercarse a la Casa de los Horrores.

Desde entonces, la Casa de los Horrores quedó abandonada, un recordatorio macabro de la tragedia que había ocurrido en su interior. Los lugareños evitaban pasar por el lugar, sintiendo cómo una presencia oscura los observaba desde las sombras, recordándoles que en ese lugar habita el mal en su forma más pura y aterradora. La leyenda de la Casa de los Horrores perduraría para siempre, como un recordatorio de que en este mundo existen fuerzas más allá de nuestra comprensión, listas para devorar a quienes osen desafiarlas.

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