Terror en la Casa Abandonada: La Trampa de lo Sobrenatural

Había una vez en un pequeño pueblo perdido en medio del bosque, una casa abandonada que todos los lugareños evitaban a toda costa. Se decía que en ese lugar habitaba una presencia maligna, una entidad que se alimentaba de la energía de aquellos que se aventuraban a entrar en su morada.

Un grupo de amigos, liderados por Pablo, un chico valiente y temerario, decidió desafiar las advertencias y explorar la casa abandonada en busca de emociones extremas. Ignorando los susurros y murmullos que se escuchaban a su alrededor, se adentraron en el oscuro interior de la mansión.

A medida que avanzaban por sus ominosos pasillos, sintieron una presencia invisible que los observaba con ojos fríos y sin vida. Paredes cubiertas de moho y cuadros retorcidos con figuras distorsionadas les daban la sensación de estar en un lugar fuera de este mundo.

De repente, un escalofrío recorrió sus cuerpos cuando una voz susurrante les advirtió que no debían estar allí. Pero Pablo, terco y decidido, continuó avanzando hacia lo desconocido.

Al llegar al sótano, descubrieron una puerta secreta que los conducía a una habitación en la que parecía haber una especie de altar. Velas encendidas iluminaban la estancia, revelando figuras extrañas talladas en la madera y extraños símbolos en las paredes.

En ese momento, una fuerza invisible los empujó hacia delante, haciéndolos caer al suelo. Una risa macabra resonó en sus oídos mientras la temperatura de la habitación descendía bruscamente.

De repente, apareció ante ellos una figura encapuchada con ojos ardientes y una sonrisa siniestra en el rostro. Era el espíritu maligno que habitaba la casa abandonada, sediento de sangre y almas atormentadas.

Los amigos intentaron huir, pero era demasiado tarde. La entidad los había atrapado en su trampa mortal y no había escapatoria. Uno a uno, fueron poseídos por la presencia maligna, convirtiéndose en marionetas de su voluntad retorcida.

Desde ese día, la casa abandonada se convirtió en un lugar maldito, que seguía atrayendo a aquellos que buscaban emociones extremas y desafiaban a lo desconocido. Susurros fantasmales y risas macabras seguían resonando en sus pasillos, recordándoles a todos que nunca se debía jugar con el poder de lo sobrenatural.

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