Terror en la Casa Abandonada

Había una vez un pueblo pequeño y tranquilo en el que la gente vivía feliz y en armonía. Sin embargo, todo eso cambió cuando llegó a la ciudad un extraño hombre con un aura oscura y siniestra. Nadie sabía de dónde venía ni cuál era su propósito, pero su presencia causaba un escalofrío en todos los habitantes del pueblo.

El hombre extraño se instaló en una antigua casa abandonada en las afueras del pueblo, y desde allí comenzaron a suceder cosas extrañas y terroríficas. Por las noches, se escuchaban ruidos y gritos provenientes de la casa, y algunos vecinos aseguraban haber visto sombras moverse dentro de sus paredes.

Una noche, una joven valiente decidió adentrarse en la casa del extraño hombre para descubrir qué sucedía allí. Armada solo con una linterna y un crucifijo, la joven se adentró en la oscuridad de la casa. Lo que vio allí la dejó helada de terror.

Dentro de la casa, encontró una habitación llena de velas rojas y calaveras humanas. En el centro de la habitación, había un altar lleno de sangre y restos de animales sacrificados. La joven sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal, pero decidió seguir investigando.

A medida que avanzaba por la casa, la oscuridad se tornaba más densa y las corrientes de aire frío se volvían más fuertes. De repente, la joven escuchó una risa malvada que resonaba en sus oídos, y vio una sombra oscura acercarse hacia ella.

Sin pensarlo dos veces, la joven echó a correr por los pasillos de la casa, pero la sombra la seguía de cerca. Aterrorizada, llegó a una habitación en la que encontró un libro antiguo con extraños símbolos y rituales. Sin dudarlo, comenzó a recitar los hechizos en voz alta, esperando que eso la protegiera de la sombra maligna.

De repente, un rayo de luz iluminó la habitación y la sombra desapareció en un instante. La joven supo entonces que había logrado vencer al mal que habitaba en la casa del extraño hombre.

Desde ese día, la casa fue sellada y nadie se atrevió a acercarse a ella. Pero la gente del pueblo sabía que el mal seguía acechando en las sombras, esperando el momento adecuado para regresar y sembrar el terror una vez más.

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