Terror en el caserón maldito

Había una vez en un pequeño pueblo perdido en las montañas, un antiguo caserón abandonado que todos evitaban. Se decía que aquel lugar estaba maldito y que extrañas criaturas habitaban en su interior. Pero a pesar de las advertencias, un grupo de amigos decidió desafiar el peligro y pasar la noche en aquella casa para probar su valentía.

Al llegar, la luna llena iluminaba la fachada del caserón y los amigos notaron que las ventanas estaban todas tapiadas con tablas y las puertas cerradas con pesados candados. Sin embargo, lograron encontrar una entrada secreta en la parte trasera de la casa y decidieron adentrarse en la oscuridad.

El interior del caserón estaba cubierto de polvo y telarañas, y un olor rancio impregnaba el ambiente. Los amigos se adentraron en las habitaciones, explorando cada rincón en busca de señales de la supuesta maldición que recaía sobre la casa.

Pero conforme avanzaban, empezaron a escuchar extraños susurros y risas siniestras que provenían de las sombras. Los amigos se miraron entre sí, nerviosos, preguntándose si habían sido advertidos sobre los peligros reales que acechaban en aquel lugar.

De repente, una presencia fría y maligna se hizo presente, y una voz susurrante les advirtió que no debían seguir adelante si no querían correr un destino peor que la muerte. Los amigos, aterrados, intentaron huir, pero las puertas y ventanas se cerraron de golpe, atrapándolos en aquella casa embrujada.

A lo largo de la noche, los amigos fueron víctimas de extraños sucesos: sombras que se movían por las paredes, ruidos escalofriantes que resonaban en los pasillos y figuras fantasmales que aparecían y desaparecían de la nada. Cada uno de ellos experimentó un miedo indescriptible, sintiendo que la maldición de la casa se apoderaba de sus almas.

Al amanecer, cuando los primeros rayos de sol iluminaron la casa, los amigos lograron escapar, dejando atrás el caserón maldito y jurando nunca volver a poner un pie en aquel lugar. Pero a partir de esa noche, nunca volvieron a ser los mismos, atormentados por los horrores que habían presenciado.

Desde entonces, el caserón abandonado sigue en pie, con su maldición intacta, esperando a que nuevos intrépidos se adentren en sus sombríos pasillos y conozcan el terror que habita en su interior.

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