La Casa de las Almas Perdidas

Érase una vez, en un pequeño pueblo escondido en las montañas, una familia que vivía en una casa antigua y tenebrosa. La familia estaba compuesta por un padre, una madre y dos gemelas de cinco años de edad. Desde que se mudaron a esa casa, extraños sucesos comenzaron a ocurrir.

Por las noches, se escuchaban pasos en el pasillo, susurros en las habitaciones, y las gemelas afirmaban que hablaban con un niño invisible que les contaba historias de horror. Los padres, asustados por lo que estaba sucediendo, decidieron llamar a un experto en sucesos paranormales para que investigara lo que estaba ocurriendo en su hogar.

El experto llegó a la casa y comenzó a investigar. Descubrió que la casa estaba construida sobre un antiguo cementerio indígena, y que los espíritus de los niños enterrados allí estaban tratando de comunicarse con las gemelas. Pero lo que más le preocupaba al experto era la presencia de un espíritu maligno que habitaba en la casa.

Una noche, mientras la familia dormía, el espíritu maligno se manifestó en la habitación de las gemelas. Ellas despertaron gritando y llamando a sus padres, pero cuando estos llegaron, ya era demasiado tarde. El espíritu maligno se había llevado a las gemelas consigo, dejando a sus padres destrozados por la pérdida.

Desde entonces, la casa quedó abandonada, y se convirtió en un lugar maldito al que nadie se atrevía a acercarse. Se decía que las gemelas todavía lloraban y gritaban en las noches de luna llena, pidiendo ayuda a los vivos.

Y así, la casa en las montañas se convirtió en una leyenda de terror, un lugar en el que nadie quería entrar, por miedo a encontrarse con las almas perdidas de las gemelas y el espíritu maligno que aún habitaba en ella. Y cada vez que alguien se aventuraba a acercarse, escuchaba los susurros y los pasos en el pasillo, recordando la tragedia que ocurrió en aquel lugar maldito.

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