La Casa de las Almas Perdidas: Una Noche de Terror

Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas, una casa abandonada que todos evitaban. Se decía que en ese lugar habitaba una misteriosa presencia que provocaba el terror en aquellos valientes que se aventuraban a entrar en sus deterioradas paredes.

Un grupo de amigos, en busca de emociones fuertes y desafiando las advertencias de los lugareños, decidieron explorar la casa una fría noche de otoño. Armados con linternas y valentía, se adentraron en la oscuridad de la casa, ignorando las sombras que parecían cobrar vida a su alrededor.

Los pasillos crujían bajo sus pies, los susurros del viento se confundían con extraños murmullos y las sombras se alargaban en cada esquina. A medida que avanzaban por las habitaciones, comenzaron a sentir una presencia ominosa que los observaba en silencio.

De repente, un escalofrío recorrió sus cuerpos al escuchar un débil gemido proveniente de las sombras. Intrigados y aterrados, siguieron el sonido hasta llegar a una habitación lúgubre y empapada de un frio tristeza. En el centro de la habitación, yacía una figura encapuchada, con la mirada fija en ellos y una sonrisa siniestra en los labios.

Sin decir una palabra, la figura levantó un brazo y señaló hacia una puerta oculta en la pared. Los amigos, con el corazón en un puño, decidieron seguir la indicación y abrieron la puerta con temor. Lo que encontraron detrás de ella los dejó sin aliento: una escalera que descendía hacia las entrañas de la tierra, donde se escuchaban susurros y lamentos de almas atormentadas.

A pesar de sus instintos de huir, los amigos decidieron bajar por la escalera, adentrándose en un laberinto de pasadizos oscuros y tortuosos. El aire se volvía más denso, las paredes parecían cerrarse sobre ellos y la presencia maligna se hacía cada vez más palpable.

Finalmente, llegaron a una sala iluminada por velas en la que una figura encapuchada les aguardaba. Con voz grave y siniestra, les reveló la historia de la casa: años atrás, un grupo de brujas realizaron rituales oscuros en aquel lugar, invocando a un ser maligno que quedó atrapado en sus paredes, esperando ser liberado.

Los amigos, presos del horror, suplicaron ser liberados de aquél lugar maldito. La figura les sonrió y les lanzó un desafío: si encontraban la salida antes del amanecer, serían libres, de lo contrario, se unirían a las almas atormentadas que yacían en el sótano de la casa.

Con el corazón en un puño, los amigos se lanzaron a la búsqueda desesperada de la salida, enfrentando trampas y visiones terroríficas que los acechaban en cada rincón. El tiempo corría en su contra y la presencia maligna los perseguía con una sed de venganza insaciable.

Finalmente, al borde del amanecer y exhaustos, lograron encontrar la salida de la casa maldita. Sin mirar atrás, corrieron hacia la seguridad de la luz del día, jurando nunca volver a aquel lugar de pesadilla. Desde entonces, la casa abandonada permaneció en silencio, esperando a nuevos incautos que desafiaran su maléfico poder.

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