La carrera de Simón y Clara: la lección de la constancia

Había una vez en un lejano bosque un zorro llamado Simón, conocido por ser muy astuto y travieso. Un día, mientras paseaba por el bosque, se encontró con una tortuga llamada Clara. Simón se burló de ella por ser lenta y le dijo que nunca podría ganarle en una carrera.

Pero Clara, en lugar de enojarse, simplemente sonrió y le propuso a Simón hacer una apuesta. -Si gano la carrera, tú tendrás que pedir disculpas y prometer no burlarte más de mí -dijo Clara con valentía. Simón, confiado en su velocidad, aceptó la apuesta.

El día de la carrera llegó y todos los animales del bosque se reunieron para presenciarla. Simón y Clara se prepararon en la línea de salida y con el pistoletazo de salida, comenzaron a correr. Simón iba tan rápido que pronto desapareció de la vista de Clara, quien seguía avanzando lentamente pero sin detenerse.

A mitad de la carrera, Simón, creyendo que la victoria ya era suya, decidió tomar un descanso y se acostó a descansar bajo un árbol. Mientras tanto, Clara seguía avanzando poco a poco pero con constancia.

Al final, cuando llegó a la línea de meta, todos los animales estaban sorprendidos al ver que Clara había ganado la carrera. Simón, avergonzado, le pidió disculpas y prometió nunca más burlarse de ella.

Clara, con una sonrisa en su rostro, le dijo a Simón: -La velocidad puede llevarte lejos, pero la constancia y la perseverancia te ayudarán a llegar aún más lejos. Desde ese día, Simón aprendió la importancia de no subestimar a los demás y valorar las cualidades de cada uno.

Y así, la tortuga y el zorro se convirtieron en grandes amigos y compartieron muchas aventuras juntos en el bosque, enseñándoles a todos que la verdadera sabiduría está en la humildad y la perseverancia. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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