El espejo maldito de la casa abandonada

Había una vez un pequeño pueblo en medio de la nada, rodeado de bosques frondosos y oscuros. En ese lugar vivía una niña llamada Ana, que siempre había sentido una extraña conexión con lo sobrenatural. Desde pequeña, tenía visiones y presentimientos que la atormentaban, pero nadie en su familia parecía entenderla.

Un día, mientras paseaba por el bosque, Ana se encontró con una casa abandonada en medio de la maleza. Intrigada, decidió entrar y explorar su interior. La casa estaba llena de polvo y telarañas, y el aire tenía un olor rancio y desagradable. Sin embargo, algo en ella llamaba la atención de Ana, como si estuviera siendo atraída por una fuerza misteriosa.

En una de las habitaciones, encontró un diario antiguo que hablaba de una maldición que pesaba sobre la casa y sus habitantes. Según el diario, la casa estaba habitada por un espíritu maligno que había causado la muerte de todos los que habían vivido en ella. Ana sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, pero no pudo resistirse a seguir leyendo.

De repente, una figura oscura apareció frente a ella, con ojos vacíos y una sonrisa diabólica en el rostro. Ana supo en ese momento que se trataba del espíritu que habitaba la casa, y que había despertado de su letargo al ser perturbado por la presencia de la niña.

El espíritu comenzó a perseguir a Ana por toda la casa, lanzando muebles y objetos a su paso. La niña corría desesperadamente, buscando una salida, pero todas las puertas y ventanas parecían estar selladas. Finalmente, llegó a una habitación en la que encontró un espejo antiguo.

Al mirarse en el espejo, Ana vio reflejada en él la imagen del espíritu, que la miraba con ojos de odio y maldad. Sin pensarlo dos veces, la niña rompió el espejo con todas sus fuerzas, invocando una fuerza maligna que se abalanzó sobre el espíritu y lo hizo desaparecer en un torrente de luz.

Ana salió de la casa corriendo, con el corazón palpitando a mil por hora. Sabía que había logrado vencer al espíritu, pero también sabía que nunca más volvería a ser la misma. Desde ese día, la niña se convirtió en la guardiana de la casa abandonada, asegurándose de que nadie volviera a ser víctima de la maldición que allí habitaba.

Y así, la historia de la niña y la casa abandonada se convirtió en una leyenda que se transmitió de generación en generación en el pequeño pueblo, recordándoles a todos que en medio de la oscuridad siempre hay una luz que puede guiarlos hacia la verdad.

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