El Bosque Oscuro: La Leyenda de la Criatura Devoradora

Había una vez un pequeño pueblo en las montañas, alejado de la civilización y rodeado de un denso bosque. Los habitantes de este pueblo vivían en paz y armonía, sin saber que en lo más profundo del bosque habitaba una terrible criatura.

Se decía que esta criatura era un ser ancestral, mitad hombre y mitad bestia, con garras afiladas y ojos brillantes como brasas. Los lugareños lo llamaban "El Bosque Oscuro", y evitaban acercarse a sus dominios por miedo a ser devorados por la bestia.

Un día, un grupo de jóvenes valientes decidió aventurarse en el bosque en busca de emociones y adrenalina. Ignorando las advertencias de los ancianos del pueblo, se adentraron en la oscuridad del bosque, sin imaginar el terror que les esperaba.

A medida que avanzaban, comenzaron a sentir una presencia ominosa que los acechaba entre los árboles. Los susurros del viento se transformaron en gritos aterradores, y las ramas crujían bajo sus pies como si fueran huesos rotos.

De pronto, una sombra monstruosa se alzó delante de ellos, con ojos ardientes y garras letales. Era El Bosque Oscuro, la criatura de la leyenda, y había salido de su letargo para alimentarse de carne fresca.

Los jóvenes intentaron huir, pero la bestia los persiguió con fiereza, devorando a uno tras otro sin piedad. Sus gritos de terror resonaron en todo el bosque, enmudeciendo incluso a las criaturas nocturnas que habitaban en sus rincones más oscuros.

Finalmente, solo quedaba un joven, el más valiente de todos, que logró escapar de la bestia y regresar al pueblo para contar la terrible historia. Los habitantes del pueblo, horrorizados por lo sucedido, decidieron sellar el bosque con un círculo de fuego para protegerse de El Bosque Oscuro.

Desde entonces, nunca más se volvió a adentrar nadie en el bosque, y la criatura se desvaneció en la oscuridad, convirtiéndose en una leyenda macabra que aterrorizaba a los niños del pueblo. Pero algunos juraban que aún podían escuchar sus chillidos en las noches de luna llena, recordándoles que el mal nunca muere.

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